
En el preciso momento en que un pobre editor se vio obligado a comprobar los precios, Bitcoin acechaba alrededor de $91,700, después de haber salido recientemente de una caída bastante indigna de $87,000 a fines de diciembre. Uno sólo puede imaginar los gemidos de los hodlers que vendieron su antiguo Jaguar E-type para comprarlo en la cima. El sentimiento, sin embargo, sigue siendo tan delicado como la taza de té de un vicario durante una exposición canina, y los analistas -siempre aguafiestas- están murmurando sobre «incertidumbres macroeconómicas» como si fuera una maldición pronunciada por una tía gitana en Navidad. 🕯️🔮