Uno podría imaginar, en su brillante ingenuidad, que el senador Kennedy saltaría cualquier excusa para difamarse a un miembro del partido rival, porque, después de todo, es un republicano de la cosecha más pura. Pero no, el tweet en cuestión no fue despedido no en una cuenta bancaria republicana ni en la cuenta bancaria de Kennedy (que yacía intacta por la generosidad criptográfica), sino en un demócrata, el senador Gillibrand. Todo el asunto se desarrolló como una comedia de Shakespeare, pero con menos réplicas ingeniosas y reticencia más incómoda. 🍿